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Accidentes que se pueden curar

  • Cientos de niños soldados se han desarmado en Pibor (Sudán del Sur). Pero los efectos quedan.
  • A former child soldier is pictured in his shelter in Pibor, South Sudan. © Albert González Farran / FAO

    Un ex niño soldado en su choza de Pibor (Sudán del Sur). Foto de Albert González Farran / FAO


     
    Richard (nombre ficticio) mató varios soldados cuando tenía solo 13 años y formaba parte de un grupo armado en Pibor (Sudán del Sur). Después de haberlos matado, junto con otros compañeros, desnudaron a los cadáveres y escaparon. Richard dice que fue un accidente. “Defendí mi vida”, recuerda. “Era una cuestión de ellos o yo, y tuve que tomar una decisión rápida”. Él insiste en que no es un asesino, porque lo atacaron y tuvo que sobrevivir. “Fue un accidente”, repite.
    Charles (otro nombre ficticio) tuvo que hacer lo mismo cuando tenía 14 años. “Estábamos en el bosque y unos soldados atacaron nuestras posiciones”, recuerda Charles, “y tuve que disparar mi arma para salvar la vida”. Justo después volvió a casa, entregó la escopeta y su familia contrató un curandero tradicional que quemó unas hojas y le hizo inhalar el humo. “Después de eso, estoy limpio”. Él cree que su crimen se desvaneció con el humo.
    Muchos ex niños soldado muestran comportamientos agresivos y tienen grandes dificultades para retomar su vida civil. La mayoría de ellos no quieren volver a la línea de frente, pero sin duda sufren graves problemas para olvidar el infierno por el que pasaron.

    Vida después del suicidio

  • La fotógrafa Patricia Esteve ha abierto una exposición sobre el suicidio en Nairobi (Kenia), donde es un crimen
  • © Patricia Esteve

    Msingizi, un joven keniano de tendencias suicidas. Foto de © Patricia Esteve


     
    Out of This Life (Fuera de esta Vida) es un proyecto fotográfico conceptual y muy personal sobre el suicidio. La fotógrafa catalana Patricia Esteve exhibe este trabajo en el Kenya Cultural Centre en Nairobi, un país donde el suicidio está prohibido. Según el Código Penal de Kenia, “cualquier persona que intente matarse es culpable de un delito menor”, con penas de hasta dos años de prisión! Además, también hay el estigma social para los que lo intentan o sus familiares, normalmente marginados por la comunidad. Muchas personas piensan que las tendencias suicidas son contagiosas.
    La valentía de Patricia no solo es exhibir este tabú en Kenia e invitar a la sociedad a “hablar de suicidio” abiertamente. También es atrevido crear imágenes de un tema tan difícil. Como muchos testigos prefieren estar en el anonimato y otros ya no están vivos, unas imágenes conceptuales y creativas ayudan a mostrar la perspectiva (y la sensibilidad) de Patricia al respecto: un cielo estrellado, un conjunto de recortes de diarios, un árbol a contraluz, notas de despedida, un barco de papel. Una colección de imágenes bonitas que aportan esperanza y poesía, como la que muestra la soledad del activista gay George Barassi, postrado sobre el colchón de una casa-refugio. Una foto genial!

    © Patricia Esteve

    El país de las maravillas abandonadas

  • Liberia muestra un abanico de barcos y edificios abandonados con legado histórico y potencial turístico
  • Un barco abandonado en la playa de Robertsport, Liberia. Foto de Albert González Farran

    Un barco abandonado en la playa de Robertsport, Liberia. Foto de Albert González Farran


     
    Hace ya más de seis años, en mi primer y único viaje a Doha (Qatar), experimenté negativas impresiones de una ciudad con rascacielos enormes, flamantes y sin ningún tipo de personalidad. Y de eso me acuerdo ahora que estoy a punto de irme de Liberia, del que tengo una buena sensación por ser un país con fantásticos escondites y sorpresas. Y entre ellas, los cientos de monumentales elementos que, por culpa de la guerra civil o del lento camino del desarrollo, han quedado abandonados. Hoteles, barcos, fábricas y muchísimas viviendas deteriorándose, deformándose y ennegreciendo con el paso del tiempo. Todos tienen su historia: trágica, curiosa o, incluso, cómica. Forman parte del paisaje liberiano. Algunos de ellos están habitados de forma espontánea por los que no tienen techo. De otros, algunos sacan un provecho económico a base de cobrar entrada a los turistas. Y todos se mantienen a exposición pública, acompañando el lento renacimiento de un país castigado, esperando que algún día la administración o una empresa privada los rehaga o deshaga para siempre. Pero mientras tanto, seguramente por mucho tiempo, seguirán regalando una personalidad que atrae.

    Sin saber nada de nadie

  • Las operaciones internacionales en África evidencian a menudo la falta d’entendimiento entre todos.
  • El guardia local de la antigua base de la ONU en Tubmanburg (Liberia). Foto de Albert González Farran – UNMIL


     
    Joseph (nombre inventado) es un hombre que vive en las antiguas instalaciones de la ONU en Tubmanburg (Liberia). Es un pequeño pueblo que la misión de paz (UNMIL) ya dejó hace más de un año en virtud de su repliegue final. Joseph y su familia hacen de vigilantes informales de este campamento que, desde que pertenece al Gobierno local, no parece tener ninguna viabilidad.
    Un buen día, llega un convoy de cascos azules que hace una parada para descansar en esta vieja base. Después de hacer una inspección del lugar, los cascos azules encuentran un huerto y deciden cosechar algunas verduras para comérselas. Pero no sabían que pertenecían a Joseph y a su familia. Muy enfadado, el buen hombre se acerca a los cascos azules para explicarles, a pesar de las diferencias lingüísticas, que aquello era suyo.
    – Ni siquiera me habéis pedido permiso! -exclamó el buen hombre.
    Poco rato después, los cascos azules vuelven cargados de aceite, de zumos, de medicinas, todo para él. Piden disculpas y se van medio avergonzados. Y cuando dejaban ya definitivamente el viejo campamento, Joseph se vuelve a molestar con los cascos azules.
    – Muy bien. Me habéis devuelto lo que me quitasteis. Pero ahora os vais sin darme nada de verdad?
    Demasiado tarde. El convoy ya está en marcha y los cascos azules se lo miran desde sus vehículos con caras desconcertadas. Y Joseph se queda con la palabra en la boca, tampoco sin entender nada.
    La escena es la auténtica representación de lo que ocurre cuando la comunidad internacional opera en territorios donde ni unos ni otros saben nada de nadie. Ni siquiera hacen el esfuerzo.

    Aire fresco

  • Liberia abre una nueva era política, lejos de la guerra fratricida de hace casi 15 años
  • Jóvenes celebran la investidura de George Weah como presidente de Liberia en el estadio de Monrovia, el 22 de enero. Foto de Albert González Farran para l’UNMIL


     
    Después de dos años cubriendo el sinsentido de la guerra y el hambre en el Sudán del Sur, en el que hay poco espacio para el optimismo y donde se impone una desalentadora repetición de desgracias humanitarias, aterricé hace un mes en Liberia donde el escenario es completamente diferente y, aunque no idóneo, supone una auténtica bocanada de aire fresco. George Weah, conocido por muchos como una estrella del fútbol, es ahora presidente de su país. Por primera vez, se decidió celebrar la ceremonia de investidura del pasado día 22 en el estadio más grande que tiene la capital, Monrovia. Un gesto para que más de 30.000 personas pudieran presenciar, y sobre todo celebrar, el inicio de una nueva etapa política. En un país donde todavía la corrupción y las desigualdades son una constante, me encuentro que la esperanza y las ganas de salir adelante me cambian la manera de mirar África. Ya tenía ganas.

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