Escuela

Hambre de aprender

  • La enorme motivación de los estudiantes del Sudán del Sur no se sacia con un sistema educativo deficiente.
  • Niños participan en una clase de inglés en una escuela en la región de Maban, en el Sudán del Sur. Foto de Albert González Farran


     
    El hambre en el Sudán del Sur es una verdad insistentemente publicada. Y la mala calidad de la educación es otra, seguramente no tan conocida. Un sistema que se basa en la repetición sin sentido de palabras hasta la saciedad, en el que los profesores no tienen una formación suficiente ni los alumnos, material adecuado, es lamentable comprobar que el nivel de aprendizaje en las aulas termina siendo insignificante, sobre todo en las zonas rurales.
    Y por eso, frases como las de un joven alumno de una pequeña escuela de Bunj, en la región de Maban, sorprenden más que nunca:

    – Hay dos cosas que me gustan mucho de la escuela.
    – ¿Cuáles son?
    – Aprender inglés, porque así puedo hablar con los extranjeros que venís a vernos.
    – ¿Y la segunda?
    – Esta taza de sorgo que tengo en las manos.

    Es abrumadora la motivación que los niños y niñas tienen para ir a aprender a la escuela. Aparte de las ganas de comer, tienen hambre de saber más y más. Pero si no hay una mejora rápida y sustancial de los recursos y la capacidad del profesorado, se perderá la gran oportunidad de convertir toda una generación en la esperanza de cambiar un país que hace tiempo que va a la deriva.

    Podéis leer más información relacionada en un artículo recientemente publicado en el dominical LECTURA del diario SEGRE de Lleida (en catalán).

    Sin desayuno

  • La inseguridad alimentaria en el Sudán del Sur afecta ya a seis millones de personas, la mitad de la población.
  • Un niño arrastra una rama hasta la cocina de la escuela de primaria de Aber (Sudán del Sur). Foto de Albert González Farran – WTI


     
    Un muchacho de poco más de siete años arrastra una rama enorme hacia su escuela de Aber, un pueblo perdido en la región de Lakes, en el Sudán del Sur. La escena es entrañable, porque responde a la obligación que los estudiantes tienen cada mañana antes de empezar las clases. Se trata de la condición de los profesores para que las cocineras puedan preparar el desayuno de los alumnos, a menudo la única comida que tienen en todo el día.

    Pero este joven muchacho no sabe que hoy se quedará sin desayuno. La mañana ha sido lluviosa en Aber y toda la leña que los niños y niñas han traído está húmeda. Las cocineras no la pueden utilizar y han decidido no trabajar.

    Pero nadie se queja. Todos a clase y mañana será otro día.

    El héroe

    El héroe

    Ibrahim Hamid Mohamed es uno de los héroes anónimos de Darfur. Lo conoce muy poca gente, pero él tampoco está interesado en la fama ni en los reconocimientos. Él sólo se guía por lo que le dicta su moral y eso lo hace aún más grande.
    Hace tiempo que el señor Hamid, maestro de vocación, no tiene trabajo, pero no por eso se queda parado.
    Cada día por la mañana, sale de su cabaña y camina dos horas hasta llegar a la escuela de Um Maraheik, en el Darfur Norte, para enseñar a unos sesenta adolescentes del pueblo. Si no fuera por él, todos estos jóvenes se quedarían sin educación y, o bien deberían ponerse a trabajar o bien tendrían que desplazarse a las escuelas de El Fasher (a más de dos horas en autobús).
    La misión de las Naciones Unidas en el Darfur construyó el año pasado en el pueblo una escuela nueva con seis aulas, pero de momento el Ministerio de Educación sudanés no tiene fondos para contratar maestros. Así pues, cada día llega el señor Hamid, reúne tanto chicos como chicas en una sola aula (en Sudán, las escuelas no son mixtas) y llena las horas del día con todo tipo de lecciones (matemáticas, lengua, historia, física… e incluso deporte).
    «No quiero que el esfuerzo que se hizo para construir este centro se quede en nada y lo quiero dignificar con lo mejor que sé hacer», explica el maestro.
    Ibrahim Hamid es de aquellas personas que hacen que la vida, a pesar de sus injusticias, merezca la pena. Incluso en el Darfur, donde parece que la educación está a la cola de las prioridades.

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