Guerra

Accidentes que se pueden curar

  • Cientos de niños soldados se han desarmado en Pibor (Sudán del Sur). Pero los efectos quedan.
  • A former child soldier is pictured in his shelter in Pibor, South Sudan. © Albert González Farran / FAO

    Un ex niño soldado en su choza de Pibor (Sudán del Sur). Foto de Albert González Farran / FAO


     
    Richard (nombre ficticio) mató varios soldados cuando tenía solo 13 años y formaba parte de un grupo armado en Pibor (Sudán del Sur). Después de haberlos matado, junto con otros compañeros, desnudaron a los cadáveres y escaparon. Richard dice que fue un accidente. «Defendí mi vida», recuerda. «Era una cuestión de ellos o yo, y tuve que tomar una decisión rápida». Él insiste en que no es un asesino, porque lo atacaron y tuvo que sobrevivir. «Fue un accidente», repite.
    Charles (otro nombre ficticio) tuvo que hacer lo mismo cuando tenía 14 años. «Estábamos en el bosque y unos soldados atacaron nuestras posiciones», recuerda Charles, «y tuve que disparar mi arma para salvar la vida». Justo después volvió a casa, entregó la escopeta y su familia contrató un curandero tradicional que quemó unas hojas y le hizo inhalar el humo. «Después de eso, estoy limpio». Él cree que su crimen se desvaneció con el humo.
    Muchos ex niños soldado muestran comportamientos agresivos y tienen grandes dificultades para retomar su vida civil. La mayoría de ellos no quieren volver a la línea de frente, pero sin duda sufren graves problemas para olvidar el infierno por el que pasaron.

    El país de las maravillas abandonadas

  • Liberia muestra un abanico de barcos y edificios abandonados con legado histórico y potencial turístico
  • Un barco abandonado en la playa de Robertsport, Liberia. Foto de Albert González Farran

    Un barco abandonado en la playa de Robertsport, Liberia. Foto de Albert González Farran


     
    Hace ya más de seis años, en mi primer y único viaje a Doha (Qatar), experimenté negativas impresiones de una ciudad con rascacielos enormes, flamantes y sin ningún tipo de personalidad. Y de eso me acuerdo ahora que estoy a punto de irme de Liberia, del que tengo una buena sensación por ser un país con fantásticos escondites y sorpresas. Y entre ellas, los cientos de monumentales elementos que, por culpa de la guerra civil o del lento camino del desarrollo, han quedado abandonados. Hoteles, barcos, fábricas y muchísimas viviendas deteriorándose, deformándose y ennegreciendo con el paso del tiempo. Todos tienen su historia: trágica, curiosa o, incluso, cómica. Forman parte del paisaje liberiano. Algunos de ellos están habitados de forma espontánea por los que no tienen techo. De otros, algunos sacan un provecho económico a base de cobrar entrada a los turistas. Y todos se mantienen a exposición pública, acompañando el lento renacimiento de un país castigado, esperando que algún día la administración o una empresa privada los rehaga o deshaga para siempre. Pero mientras tanto, seguramente por mucho tiempo, seguirán regalando una personalidad que atrae.

    Licencia para matar a 25 dólares

  • Las armas baratas y las vacas caras: una combinación explosiva en el Sudán del Sur.
  • Un joven ganadero sostiene una ametralladora en su campamento de Rumbek, en el Sudán del Sud. © Albert González Farran.


     
    En las zonas ganaderas del Sudán del Sur hay dos cosas muy importantes: primera, obviamente, las vacas, muy apreciadas por el prestigio social que dan y por ser moneda de cambio de gran parte de las transacciones y arreglos matrimoniales; la segundo son las armas, herramientas «indispensables» para defenderse de aquellos que quieren robar el ganado.
    Dicen que el Sudán del Sur es uno de los países más armados del África. Un índice muy alto de civiles tiene un fusil en casa, ya por motivos culturales, ya por cuestiones de seguridad personal. Y es que una ametralladora de fabricación rusa, la AK-47, cuesta «sólo» unos 25 dólares en el mercado negro. Un precio bastante «razonable» para defender la propiedad de las vacas, que pueden llegar a costar diez veces más.
    El principal problema es que la cultura armamentística está actualmente tan arraigada en el país que parece fácil que los ganaderos, sobre todo los más jóvenes, descubran que además de proteger a sus vacas, con las ametralladoras también pueden robar, violar, expoliar y quitar vidas muy fácilmente. Y esto ya está pasando…

    El hogar de los quince niños

  • La llegada de desplazados por la guerra en Yambio ha provocado que Julie tenga una guardería en casa.
  • Nueve de los quince niños que viven en casa de Julie juegan en el patio de casa con un oso de peluche. Foto de Albert González Farran – UNICEF


     
    Yambio, una pequeña ciudad de unos 40.000 habitantes en el oeste del Sudán del Sur, está absorbiendo una ola migratoria sin precedentes. En los últimos meses, los ataques indiscriminados por parte de grupos armados en la zona rural de los alrededores ha provocado que cientos de familias huyan a la ciudad. Y lo hacen alojándose en casas de parientes, amigos, conocidos o, incluso, almas solidarias que abren las puertas a los desamparados.
    En casa de Julie Adriano, una madre soltera de dos hijos, la situación ha llegado a ser casi insostenible. Julie asumió la llegada de unos parientes de un pueblo que se llama Gitikiri, pero además recogió dos niños que perdieron a sus padres durante la huida. En total, los cinco adultos de la familia (la mayoría mujeres) deben cuidar a 15 niños y niñas que revolotean por la casa. Una auténtica guardería.
    El aumento de consumo de agua, la escasez de comida y la falta de jabón o de ropa son algunos de los principales retos que estas casas de Yambio están asumiendo actualmente.

    Esto no puede ser verdad

  • Una investigación de la ONU denuncia una red europea y del Oriente Medio que provee armas al Sudán del Sur
  • 16 October 2016. Malakal: Soldiers of the Sudan People Liberation Army (SPLA) cheer-up from the trench in Lelo village, outside Malakal, at the northern part of South Sudan, on October 16 2016. Heavy fighting broke out on Friday between SPLA (Government) and opposition forces in Warjok and Lelo villages, outside Malakal. SPLA commanders claim they succeeded to keep their positions and assure their forces just responded "on self defence". The army flew in journalists on Sunday to show that they retain control of the strategic city, even though rebels still vow to take it. Photo by Albert Gonzalez Farran - AFP

    Un soldado sur-sudanés grita entusiasmado mientras sostiene su arma en la trinchera de las afueras de Lelo, en el Sudán del Sur. Foto de Albert González Farran – AFP


     
    «¿Esto es de verdad? Estamos en el siglo XX, no en la Edad Media». Esto lo dijo un niño judío a su padre cuando sufrían la persecución nazi y fue transcrita por el ganador del premio Nobel Elie Wiesel en su increíble novela Noche. Se publicó en los años 50, pero la frase es aún válida en muchos contextos actuales. Los conflictos en Afganistán, Irak, Siria, Sudán y Sudán del Sur han avergonzado muchos de nosotros que nos damos cuenta que la humanidad todavía está actuando como los simios de la edad de piedra.
    Pero no es totalmente cierto. Guerras, genocidios y holocaustos son más elaborados de lo que pensamos. Los que matan y torturan en muchos países, principalmente en África, son apoyados por grandes redes de empresarios de Europa, América y Oriente Medio que están haciendo grandes fortunas. Una investigación de las Naciones Unidas detalla que desde el año 2014, empresas de Bulgaria e Israel han estado vendiendo armas al Sudán del Sur, uno de los países con la tasa más elevada de armas entre la población y sufriendo una cruel guerra civil desde hace tres años.
    Me recuerda mucho el documental We come as friends (Venimos como amigos), de Hubert Sauper, que explica muy bien la hipocresía del mundo occidental que cree que puede dar lecciones a los países africanos, mientras que alimenta sus desastres para obtener ganancias suculentas.

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