Sudán

Réquiem por un gran amigo

  • Era de Darfur, duro como una piedra y cariñoso como un niño. Pero murió de una forma repentina, que a todos nos ha sorprendido.
  • UNAMID's Protection of Civilians

    A Emadeldin Rijal le llamaban la Roca, porque era fuerte, lleno de vida y energía. Pero por dentro era blando como un niño, tan pacífico y reposado que siempre se dejaba llevar sin quejarse.
    Hace un par de días, sin avisar, nos dejó a todos de forma repentina. Murió rápidamente y de forma fulminante y dejó un gran vacío en casa y entre los amigos y colegas.
    Emad era la Roca de Darfur, un hombre con la integridad y el orgullo que caracteriza a los hombres de esta tierra.
    Estaba preparado para asumir todos los retos que se le pusieran por delante y, sobre todo, estaba comprometido a ayudar a su pueblo con las mejores herramientas que tenía a su alcance.
    Se le echará de menos. Su corta vida tuvo un gran sentido y me acompañó unos años. Su muerte nos enseña que aquí en el mundo estamos sólo un rato, sin mucho tiempo que perder en absurdidades.
    Hasta otra, amigo.

    Darfur? Y qué?

  • Algo no va bien cuando se le pide a un actor de Hollywood que diga algo para que alguien muestre un mínimo de interés por un conflicto tan olvidado como el de Darfur.
  • Darfur Forgotten 2

    El actor George Clooney escribió hace unas semanas un artículo de opinión en el The New York Times sobre el Darfur (Sudán) y lo hizo para denunciar el silencio de una guerra civil que lleva 12 años sin resolverse, cientos de miles de muertos y dos millones de personas confinadas en campamentos de desplazados. Los editores del diario estadounidense decidieron titular del artículo así: “George Clooney on Sudan’s rape of Darfur” (George Clooney nos habla cómo el Sudán viola el Darfur).
    Ésta es una pequeña muestra de lo que está pasando en esa región de África: si no ponemos a un actor bien atractivo y popular por delante, si no escribimos su nombre bien grande en el titular, si no usamos su “gancho”, pocos llegarán a leer ni siquiera el primer párrafo de este texto-denuncia. Encontrar el Darfur en el mapa no es un trabajo fácil, pocos saben qué está pasando allí y casi nadie muestra una gran preocupación.

    Esto ha sido un extracto de un texto publicado en la versión en papel de la revista Territoris. Para descarregar el artículo entero, haz clic aquí (en catalán).

    A toda costa

    Crossroads

    Una persona me comentó hace poco aquí en El Cairo que no entiende el concepto del pasaporte, esta libreta que te identifica como residente de un país, que te permite la entrada a otro o que también te la complica. Esta misma persona no entiende por qué los gobiernos destinan tantos recursos en el control de sus fronteras y a inventarse leyes que regulen la entrada y salida de gente dentro de su territorio. Y sobre todo no entiende que el viaje de una persona pueda ser considerado ilegal (o irregular, tanto dan los eufemismos).
    Y yo tampoco lo entiendo. Porque al final veo que las personas, sufriendo más o demasiado, ejercen a toda costa sus derechos humanos y acaban circulando por este mundo de locos. Porque la necesidad les empuja: Mary de Sudán del Sur, que ha caído enferma en Egipto después de 20 años de fugas; los jóvenes Mahmud y Mohamed, que casi pierden la vida en una patera por el Mediterráneo; Ibrahim, un geólogo de Darfur, que limpia lavabos de la gente rica de El Cairo; Ali, un egipcio que se pasó 16 años trabajando de camarero en Holanda sin ahorrar ni un céntimo; Olemba, un camerunés con sueño de futbolista y una realidad de nueve personas viviendo bajo su techo; o Raheal, una etíope que huyó de su país y se encontró otro que le robó sus ahorros.
    Ellos son los seis protagonistas de mi próximo proyecto, «Crossroads» (Cruces), que verá la luz muy pronto para el Día Internacional de los Inmigrantes, el 18 de diciembre. Podéis ver el trailer de presentación
    aquí.

    El pequeño Sudán

    Sudan Egypt

    En el barrio de Downtown de El Cairo (Egipto), hay un pequeño callejón sin salida donde encontramos dos cafeterías y dos restaurantes donde sirven comida sudanesa. Es pues el lugar de encuentro de los miles de sudaneses que viven y buscan la oportunidad de su vida en esta gran ciudad. Todos ellos encuentran en este callejón sin salida de la capital egipcia un punto de partida cuando apenas llegan de su largo viaje con una pesada mochila, un lugar de referencia identitaria, un momento de paz dentro de la boràgine urbanita, un momento de reconciliación con su pasado, unos instantes de fraternidad y comprensión
    Y es que para ser inmigrante y sobrevivir no hay más remedio que buscar aquel rincón que recuerde quién eres y de dónde vienes.

    Adiós, Darfur

    New displacement in Zam Zam camp

    Después de casi cinco años en el Darfur y miles de fotografías, es francamente complicado hacer un resumen de todos mis sentimientos, hoy que me voy. Como este no es el lugar para confesiones demasiado íntimas, sólo diré un adiós agridulce.
    Es cierto que en todo este tiempo el Darfur me ha dado una de las experiencias profesionales más fantásticas que he tenido nunca y que con un poco de suerte mis imágenes habrán despertado alguna conciencia. Pero es frustrante haber sido testigo de cinco años de un conflicto inamovible, que está enterrando toda una comunidad en el olvido. Esta región, de personalidades extraordinarias y carácter orgulloso, de supervivencia innata y honestidad transparente, está sufriendo por parte de todos una indiferencia que duele.
    Han sido cinco años de intensas emociones e historias auténticas que me han hecho consciente de estar vivo. Pero durante todo este tiempo, más de dos millones de personas han seguido confinadas en campamentos de desplazados, ha habido bombardeos y saqueos constantes y los principales actores del conflicto no se han acercado a la paz ni un solo centímetro. Justo lo mismo que vi el primer día que llegué.
    Adiós, Darfur. Gracias por lo que me has regalado y perdón por no haberte dado mucho a cambio.

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