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Esta estúpida crisis no ha terminado

Muchos, sobre todo los políticos, presumen que el país se está recuperando de la crisis. Y no saben que la calle explica otra realidad.

Un usuario de la ONG Buena Voluntat en Acción de Barcelona recoge comida como parte del proyecto de apoyo alimentício a extranjeros y personas con riesgo de exclusión social. Foto de Albert González Farran

Aunque las cifras macro-económicas son el argumento para aquellos que creen que nos estamos recuperando, es obvio que pasearse por las calles de Barcelona o de cualquier otra ciudad española nos enseña una realidad muy diferente.

La pobreza ha llegado a unos extremos que se está convirtiendo en una realidad normal y cotidiana. Nos estamos acostumbrando demasiado a ver gente durmiendo en los cajeros automáticos, en los parques o en los porches de los edificios; jóvenes y mayores revolviéndose dentro de los contenedores de basura para ver qué aprovechan; inmigrantes que son injustamente acusados de expoliar nuestro moribundo estado del bienestar; e incluso pequeños comerciantes que suplican ayuda a sus propios clientes. El cuadro es demoledor.

Hemos alcanzado una dinámica en la que los que tienen dinero ya no ven a los que no tienen. Y los que no tienen, viven con una resignación dolorosa. Y mientras, aquellos que han convertido nuestra sociedad en un mercado, celebran que esta estúpida crisis ya termina.

 
 
 

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