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La vida sigue empeñada en Afganistán

Afganistán vive con resignación una historia de más de tres décadas de guerras.

Gente paseando en el mercado de Mandawi, uno de los más importantes de Kabul (Afganistán). Foto de Albert González Farran para UNAMA.
Gente paseando en el mercado de Mandawi, uno de los más importantes de Kabul (Afganistán). Foto de Albert González Farran para UNAMA.

Mi experiencia en Kabul, en Afganistán, ha sido corta, pero intensa. Aunque duramente limitado por las restricciones que impone la inseguridad de este país, he podido lamer las mieles de una ciudad que su elevada polución la convierte en un lugar con una luz muy especial para fotografiar.

El mercado de Mandawi, al norte del río Kabul, hay una gran actividad que parece ajena a las bombas y ataques suicidas de los talibanes. «Cada día jugamos con nuestra vida», dicen algunos medio sonriendo pero con la amargura de alguien que está diciendo una verdad muy triste. En cualquier momento, una explosión puede cambiar completamente el curso de la aparente tranquilidad de la vida de los afganos.

No les preocupa que les hagan fotos. De hecho, a muchos les gusta. Y no sólo eso. Una vez retratados, te invitan a tomar el té con ellos. Y es que según me comentó un compañero que estuvo un largo tiempo en Afganistán, «en este país están tan acostumbrados a ver miles de periodistas extranjeros cubriendo sus guerras durante las últimas décadas, que los fotógrafos son ya un miembro más de su sociedad»

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