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Lo que esconde la fotografía

Militars

Un nuevo caso de vejaciones perpetradas por soldados norteamericanos ha copado las portadas de los medios de comunicación de todo el mundo: en un video, aparece un grupo de cuatro militares orinando sobre los cadáveres de miembros talibanes en Afganistán.

Y este suceso no es nuevo. En el 2004, en la prisión de Abu Gharib (Bagdad), la soldado Lynndie England fue la cara más conocida de la obscenidad a la que se sometía los prisioneros del correccional.

Ahora, una vez más, los medios cargan con otra muestra gráfica de la violencia que se vive en nuestro mundo. Parece ser que la especie humana se vuelve increíblemente cruel cuando piensa que nadie la está observando. Y es que precisamente la presencia oportuna de una inesperada cámara hace que todo se sepa.

Pero no nos engañemos. El hecho de que la casualidad haya inmortalizado estos últimos hechos de Afganistán quiere decir que en otros rincones del mundo hay acciones mucho más horribles y torturas mucho más duras que quedan ignoradas. Y éstas no las podemos ver porque se han escapado de la mirada indiscreta de las cámaras.

Ver lo que ya se ha publicado nos hace pensar en todo aquello que nunca veremos. A menudo, la fotografía se explica más por lo que esconde que por lo que enseña.

Por supuesto que está mal lo que hemos visto, pero está mucho mejor que lo hayamos podido ver. Las imágenes nos escandalizan, pero refuerzan el papel del periodismo como documento de la realidad.

Tenemos suerte.

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